hace tan sólo unas semanas mientras hablaba por teléfono en la puerta del trabajo me cayó un huevo encima, a día de hoy no sabría decir si era de gallina o de algún pájaro que sobrevolaba a pocos metros de mi cabeza. para muchos fue síntoma de buena suerte, al día siguiente me dieron la gran noticia de que me habían dado la beca, en principio en argentina pero después para venezuela (error de lectura por parte de la funcionaria). de forma que yo toda contenta con la buena suerte que me salvaguardaba iba segura por la vida, fui al exámen de conducir feliz y radiante envalentonada por mi buena suerte...las rotondas, las líneas contínuas y más tarde los prohibidos aparcar me chafaron un reto (hasta ahora el más importante de mi vida! que simpleza).
olvidado ya el cabreo, la desesperación y la sensación de incompetencia agarré mis bártulos rumbo a caracas. en el aeropuerto al hacer el check-in me topé con un portugués que puso cara de póquer cuando vió mi billete aéreo...me dijo que no podía entrar en venezuela con visado turístico, mi vuelta era de seis meses...entre la rabia y la desesperación compré otro billete de avión (una gracia de casi mil euros) con vuelta para septiembre para poder salir ya de una vez que no veía la hora. el avión obviamente no iba directo a caracas, antes pasaría por las dos grandes ciudades portuguesas en honor y para acordarme bien de mi profesor de autoescuela (allí entendí por qué yo no sabía conducir). iba todo bien hasta que en lisboa el avión tuvo un retraso de casi dos horas, que las pasé junto a la inseparable amiga de toda mujer que viaja (algunas recordarán esa gran publicidad con la señora antipática vestida de rojo).
finalmente llegué a caracas...todo marchaba bien. la casa donde llegué no tenía nevera, se había roto en una fiesta en la que algún ingrato se le ocurrió la maravillosa idea de romper el hielo dentro del congelador... y ya de paso también el congelador. un gran agujero nos ha impedido beber agua fría y comprar comida; no importa, esto está lleno de restaurantes que para un europeo no resultan muy costosos (el tipo del bar donde desayuno ya me me pone el zumo y el café en cuanto me ve entrar por la puerta).
el sábado mientras esperaba al tipo que nos arreglaría la nevera me di cuenta de que nos habían cortado también el teléfono, problemas con las facturas (tampoco había internet...también lo cortaron).
pero nada de esto importa cuando te vas el fin de semana a una playa tropical con sus palmeras y su arena blanca. de vuelta a la capital tuvimos un pequeño problema con la caja de cambios del coche, se rompió a unos doscientos kilómetros de caracas y en medio de la selva. tuvimos suerte, estábamos al lado de un poblado donde unos señores con ánimo de lucro nos ayudaron a encontrar una grúa para llegar a casa.
después de más de cinco horas de desesperación, lucha con la grúa y con los mosquitos llegamos a casa, enciendo la luz de la cocina y se funde la bombilla.
esta mañana se acabó el agua.
el de la nevera, que ha vuelto esta mañana, dice que la nevera no tiene arreglo.
!maldito huevo!



